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Después de las once
Si hoy tienes a alguien que te cuida, que te aconseja, que te pone límites… agradece. Porque un día esa luz ya no estará encendida. Y entonces entenderás que después de las once… lo único verdaderamente peligroso es no valorar el amor que te protegía.
REFLEXIONES DE VIDA
Eduardo Núñez
2/13/20263 min read
Después de las once de la noche —decía mamá— ya no es bueno andar en la calle.
Lo repetía con esa voz firme que no necesitaba gritos. Era una regla. Como quitarse los zapatos al entrar, como dar gracias antes de comer, como persignarse al salir de casa. Después de las once, la puerta se cerraba… y el mundo de afuera dejaba de ser nuestro.
Yo no lo entendía.
Cuando era joven, creía que mamá exageraba. Pensaba que el peligro era un cuento para asustarnos, que la vida real empezaba justo cuando la noche caía y las luces se encendían. Mientras otros muchachos corrían hacia la fiesta, yo miraba el reloj. Diez cuarenta y cinco. Diez cincuenta. Diez cincuenta y cinco… y comenzaba la presión en el pecho.
—Cinco minutos más —me decía.
Pero la voz de mamá resonaba en mi conciencia más fuerte que la música de cualquier baile.
Una noche no regresé a tiempo.
El reloj marcó las once con cinco.
Nada pasó. No hubo tormenta. No cayó el cielo. No apareció ningún monstruo en la esquina. Pero cuando abrí la puerta, ahí estaba mamá. Sentada. Esperando. Con la luz encendida y los ojos llenos de algo que no era enojo… era miedo.
Y entendí.
No era la hora.
Era el amor.
Con los años comprendí que sus reglas no eran cadenas, eran cercas. Y las cercas no se ponen para limitar la vida… se ponen para protegerla.
Después de las once —decía mamá— ya no es bueno.
Y hoy, cuando la vida me ha enseñado lo que ella sabía sin haber leído ningún libro, descubro que no hablaba solo del reloj.
Hay decisiones que no son buenas después de cierta hora.
Palabras que no deben decirse cuando la noche oscurece el corazón.
Lugares donde el alma no debería quedarse demasiado tiempo.
Porque la noche no solo cae en el cielo… también puede caer dentro de uno.
Las reglas de mamá marcaron mi historia. Me enseñaron disciplina cuando yo quería rebeldía. Me enseñaron límites cuando yo quería libertad sin medida. Y sobre todo, me enseñaron que el amor verdadero a veces se disfraza de norma.
Hoy, cuando el mundo parece haber borrado los límites y todo se justifica con un “no pasa nada”, recuerdo aquella luz encendida esperándome.
Y me pregunto:
¿Quién nos está esperando ahora?
¿Quién nos pone límites por amor?
¿Quién mantiene la puerta abierta aunque lleguemos tarde?
Tal vez hemos crecido.
Tal vez ya nadie nos diga que después de las once no es bueno.
Pero la vida… la vida siempre cobra las desveladas del alma.
Y yo aprendí algo que hoy quiero compartirte:
No todas las reglas fueron castigo.
Algunas fueron salvación.
Si hoy tienes a alguien que te cuida, que te aconseja, que te pone límites… agradece. Porque un día esa luz ya no estará encendida.
Y entonces entenderás que después de las once… lo único verdaderamente peligroso es no valorar el amor que te protegía.
Esta reflexión no es solo una historia más… es una página viva del libro que hemos venido construyendo con el alma, palabra a palabra, latido a latido.
Hoy puedo decirte con emoción que ese libro ya no es un sueño: ya está disponible. Es el resultado de cada madrugada de inspiración, de cada experiencia compartida al aire, de cada mensaje que me han hecho llegar ustedes, quienes escuchan, sienten y caminan conmigo.
Si alguna de estas reflexiones ha tocado tu corazón, si alguna historia te hizo llorar en silencio o sonreír con esperanza, este libro es para ti. Es un abrazo escrito. Es compañía en los días difíciles. Es luz cuando parece que todo oscurece.
Puedes solicitarlo directamente por WhatsApp al 341 151 2562.
Será un honor que llegue hasta tus manos.
Y te invito también a visitar y compartir nuestro espacio en
www.eduardocontigo.net, donde cada reflexión sigue creciendo, porque esta historia no termina en una página… continúa en cada vida que decide transformarse.
Gracias por ser parte de este camino.