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El águila y su cría
Porque en la vida no gana el que se apresura… gana el que observa, espera y actúa en el momento correcto.
REFLEXIONES DE VIDA
Eduardo Contigo | Reflexiones
3/13/20261 min read


En lo alto de una montaña, donde el viento sopla fuerte y el cielo parece más cercano, vivía un águila con su pequeña cría.
Desde el nido, el aguilucho miraba el mundo con curiosidad.
Todo le parecía grande… los árboles, las montañas y aquel cielo infinito que su madre cruzaba con tanta facilidad.
Un día, el águila vio algo a lo lejos.
Allá abajo, entre la hierba que se movía con el viento, estaba su presa.
Sus ojos, atentos y firmes, no la perdían de vista.
La cría observaba en silencio.
—Mira bien, le dijo el águila.
—No basta con volar… hay que aprender a mirar.
La madre no se lanzó de inmediato.
Primero dio vueltas en el aire, paciente, midiendo el momento exacto.
La cría no entendía.
—¿Por qué no bajas ya? —preguntó.
El águila respondió con calma:
—Porque en la vida no gana el que se apresura…
gana el que observa, espera y actúa en el momento correcto.
Después de unos instantes, plegó sus alas y descendió con fuerza.
En un solo movimiento tomó su presa.
Cuando volvió al nido, la cría comprendió algo importante.
No solo había visto a su madre cazar.
Había visto cómo se aprende a vivir.
Y el águila, mirándola con orgullo, le dijo:
—Un día volarás sola…
pero recuerda siempre esto:
el cielo pertenece a quien aprende a mirar antes de actuar.
Porque en la vida, como en el vuelo del águila,
no todo es fuerza…
A veces, la verdadera sabiduría está en la paciencia.
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