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El Puente
Un puente que se construye con paciencia, con respeto, con silencios compartidos y con la decisión de caminar juntos, incluso cuando el camino se vuelve difícil.
REFLEXIONES DE VIDA
Eduardo Contigo | Reflexiones
3/12/20262 min read


Había un pequeño puente de madera en el camino que llevaba al campo. No era grande, ni tampoco famoso. De hecho, para muchos era apenas un paso sencillo entre un lado del arroyo y el otro. Pero para mí… ese puente era mucho más que madera y clavos.
Ese puente era la historia de mi abuela y mi abuelo.
De niño los veía caminar juntos por ahí. Mi abuelo iba adelante, con su paso firme de hombre de campo, y mi abuela unos pasos detrás, con su delantal moviéndose con el viento suave de la tarde. A veces discutían por cosas pequeñas: el clima, la cosecha, el precio del maíz. Pero al llegar al puente… siempre se detenían.
Mi abuelo extendía la mano.
Mi abuela la tomaba.
Y juntos cruzaban.
Yo no entendía entonces lo que significaba aquel gesto. Pensaba que tal vez era costumbre, o quizá una simple ayuda para no tropezar con las tablas viejas.
Pero los años pasaron… y la vida comenzó a enseñarme cosas.
Un día comprendí que aquel puente no solo cruzaba un arroyo.
Aquel puente era su matrimonio.
Porque un matrimonio verdadero es exactamente eso:
un puente.
Un puente que se construye con paciencia, con respeto, con silencios compartidos y con la decisión de caminar juntos, incluso cuando el camino se vuelve difícil.
Mis abuelos no tuvieron una vida fácil.
Hubo tiempos de escasez.
Hubo enfermedades.
Hubo pérdidas.
Pero jamás dejaron de cruzar el puente tomados de la mano.
Cuando uno se cansaba, el otro sostenía.
Cuando uno dudaba, el otro animaba.
Cuando uno se caía, el otro levantaba.
Eso era el amor para ellos.
No grandes promesas…
No palabras bonitas todos los días…
Sino algo más profundo:
Permanecer.
Hoy el puente sigue ahí.
Un poco más viejo… un poco más gastado…
como los recuerdos que el tiempo acaricia.
Pero cada vez que lo veo, recuerdo a mis abuelos.
Y entonces entiendo algo que la vida me enseñó demasiado tarde:
Las parejas que duran no son las que nunca discuten…
ni las que tienen la vida perfecta.
Son aquellas que, a pesar de todo, deciden seguir cruzando el puente juntos.
Porque amar no es solo caminar cuando el camino es fácil.
Amar…
es no soltar la mano cuando el puente se mueve.
Y si esta historia tocó tu corazón, te invito a descubrir más reflexiones como esta en mi espacio personal.
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