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En los días buenos… y en los días difíciles
Aunque a veces no lo notes, siempre hay ayuda en el camino: en los días buenos… y en los días difíciles.
REFLEXIONES DE VIDA
Eduardo Núñez
12/2/20252 min read
En los días buenos… y en los días difíciles, la vida siempre encuentra la manera de hablarnos. A veces lo hace suave, como una brisa que apenas mueve las cortinas de la mañana… y otras veces, con la fuerza de un trueno que te recuerda que estás vivo.
Aquella mañana, Julián despertó sintiendo el peso de un silencio extraño. No era un mal día, pero tampoco uno brillante. Era… uno de esos días grises donde la vida parece pensativa.
Salió de casa con la mente llena de preguntas que no sabía cómo ordenar. Caminó por la calle como quien busca algo sin saber qué… hasta que, sin darse cuenta, la vida comenzó a enviarle señales.
Primero, un saludo inesperado del vecino que casi nunca hablaba. “Buen día, vecino”, le dijo con una sonrisa sincera. Una frase simple… pero algo dentro de Julián se acomodó.
Después, una llamada de su hermana, solo para preguntarle si había desayunado. No lo había hecho, claro, y ella lo regañó con ese cariño que solo la familia sabe usar. La risa que compartieron le quitó otra capa de pesadumbre.
Más adelante, un niño que jugaba en la banqueta perdió su globo rojo, que fue a dar justo a los pies de Julián. El pequeño lo miró con ojos grandes, confiados, como si supiera que él era la persona exacta para ayudarlo. Julián le devolvió el globo y el niño, sin decir palabra, lo abrazó en silencio. Ese abrazo… lo sostuvo más de lo que imaginaba.
Y por último, casi al final del día, un desconocido en la fila del supermercado le dijo:
—No sé lo que estés viviendo, pero… ánimo. Todo pasa.
Lo dijo sin mirarlo demasiado, como esas frases que la vida pone en labios de alguien cuando sabe que deben llegar a un corazón cansado.
Esa noche, mientras Julián cerraba los ojos, comprendió algo:
Los ángeles no siempre tienen alas… a veces tienen voz, teléfono, brazos pequeños o incluso silencios que cobijan.
Hay manos que te levantan sin tocarte.
Caminos que se abren sin saber por qué.
Puertas que se cierran para protegerte.
Y oportunidades que llegan cuando te creías perdido.
Nunca caminamos solos.
Nunca.
Aunque a veces no lo notes, siempre hay ayuda en el camino: en los días buenos… y en los días difíciles.
Así que ten fe, ten calma y ten gratitud.
Porque los ángeles —de carne y hueso o del cielo— siempre llegan a tiempo.
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