La bicicleta que un día dejó de rodar

A veces los viajes más largos no son los de distancia… son los que se quedan para siempre en el alma.

REFLEXIONES DE VIDA

Eduardo Núñez | Reflexiones

3/10/20261 min read

Eduardo Contigo | reflexiones
Eduardo Contigo | reflexiones

Hay cosas en la vida que parecen simples… pero guardan historias enteras.
Como aquella bicicleta.

Una bicicleta que un día dejó de rodar, pero que antes de quedarse en silencio, fue testigo de muchas aventuras.

Con ella recorrí caminos que hoy todavía viven en mi memoria.
Polvo en los zapatos, el sol cayendo sobre los campos y el sonido constante de las ruedas girando sobre la tierra.

Una de esas aventuras fue especial… el viaje a Talpa.

Íbamos varios compañeros, con el corazón lleno de ilusión y los pensamientos puestos en la fe. No era solo un recorrido… era un camino que se sentía distinto, como si cada pedalazo tuviera un sentido.

Antes de salir, recuerdo a mi madre en la puerta de la casa.
Con esa mezcla de preocupación y cariño que solo una madre puede tener.

“Me saludas a la Virgencita”, me dijo.

Y esas palabras se quedaron conmigo durante todo el camino.

Pedaleábamos entre campos y praderas.
El viento en la cara, el cansancio en las piernas… y en el corazón una oración que avanzaba junto con nosotros.

Cada kilómetro tenía su momento:
las risas con los amigos, el silencio cuando el cansancio apretaba, y esa sensación de que el camino también iba transformando algo dentro de uno.

Al llegar a Talpa, entre la gente, las velas y las oraciones, entendí algo que con los años se vuelve más claro:

A veces los viajes más largos no son los de distancia…
son los que se quedan para siempre en el alma.

Después vinieron más días, más caminos, más historias…
y aquella bicicleta un día dejó de rodar.

Pero hay ruedas que se detienen…
y recuerdos que siguen caminando.

Porque cada vez que pienso en ese viaje,
vuelvo a escuchar la voz de mi madre diciendo:

“Me saludas a la Virgencita…”

Y entonces entiendo que algunos caminos no terminan nunca.
Simplemente siguen viviendo dentro de nosotros.