La nieve me cobija

El frío lo llevamos dentro cuando olvidamos a quién amamos. Y por eso, cada diciembre, cuando camino y siento el aire helado en el rostro, cierro los ojos un momento y digo, igual que ella: “La nieve en diciembre me cobija”.

REFLEXIONES DE VIDA

Eduardo Núñez

12/8/20252 min read

La nieve me cobija reflexiones Eduardo contigo
La nieve me cobija reflexiones Eduardo contigo

Dicen que diciembre tiene una forma particular de hacerse sentir. No solo baja la temperatura… también baja la guardia del corazón. Y es que en estas fechas, hasta el silencio parece caminar despacio, como esperando que recordemos algo importante.

La abuela siempre tenía una frase que repetía cada año, cuando veía caer el primer copo en el pueblo:
“La nieve en diciembre me cobija”.

Yo nunca entendí por qué lo decía… hasta que crecí.

Cuando era niño, yo veía la nieve como un simple juego, una oportunidad para mojarse los guantes, correr en el patio y reír sin medida. Pero ella… ella la miraba distinto: con una mezcla de nostalgia, esperanza y una calma que solo los años pueden dar.

Una tarde —esas tardes donde el sol se esconde temprano y la cocina huele a ponche— la abuela me pidió que me acercara. Tenía en las manos una mantita vieja, tejida por ella, ya gastada por el tiempo.

—¿Sabes qué significa que la nieve nos cobije? —me dijo sonriendo.

Yo negué con la cabeza.

—La nieve es fría, sí… pero también es silenciosa. Y cuando cae sobre la tierra, parece que la abraza. La cubre. La protege. Le dice: “descansa tantito, te he visto cansada”.

Hizo una pausa, como buscando las palabras precisas.

—Así es la vida, mijo. Hay momentos donde necesitamos ese descanso. No para rompernos… sino para recomponernos. Diciembre nos da permiso de detenernos y mirar hacia adentro.

La escuché sin entenderlo del todo, pero me quedé con la frase guardada en algún rincón del alma.

Los años pasaron. La abuela ya no está. Pero cada diciembre, cuando cae la primera nieve —o la primera helada de la temporada— recuerdo sus palabras.
Y descubro que tenía razón:

La nieve cobija porque obliga a parar.
Porque envuelve el ruido.
Porque invita a recordar lo importante.
Porque nos recuerda que, aun en el frío, puede nacer un calor distinto: el que viene de los afectos, de los abrazos, de lo vivido y lo que aún esperamos.

Hay inviernos que duelen.
Hay días que pesan.
Pero también hay memorias que abrigan, aunque ya no estén las personas que nos las regalaron.

Hoy entiendo:
La nieve no es fría…
El frío lo llevamos dentro cuando olvidamos a quién amamos.

Y por eso, cada diciembre, cuando camino y siento el aire helado en el rostro, cierro los ojos un momento y digo, igual que ella:

“La nieve en diciembre me cobija”.
Porque me recuerda quién soy, de dónde vengo y hacia dónde quiero ir.

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