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La vasija agrietada
En la vida… no todo lo que parece pérdida… lo es. A veces, nuestras grietas… nuestras fallas… nuestros errores… son justo lo que el mundo necesita para florecer.
REFLEXIONES DE VIDAINSPIRACIONES
Eduardo Núñez | Reflexiones
3/20/20262 min read


Había una vez… en un pequeño pueblo rodeado de caminos de tierra y amaneceres tranquilos… una abuela que cada día caminaba hacia el río con dos vasijas colgadas en un palo sobre sus hombros.
Una… era perfecta.
La otra… tenía una grieta.
Cada mañana, la abuela llenaba ambas vasijas y emprendía el regreso a casa. El sol apenas despertaba… y el canto de los pájaros acompañaba su andar.
Pero al llegar…
Solo una vasija estaba completamente llena.
La otra… la agrietada… apenas conservaba la mitad del agua.
Con el paso de los días… la vasija agrietada comenzó a sentirse triste. Sentía que fallaba… que no era suficiente… que era una carga.
Hasta que un día… ya no pudo más.
—Abuela… —dijo con voz temblorosa—, perdóname… porque no logro cumplir mi propósito. Mientras la otra vasija llega llena… yo siempre pierdo la mitad en el camino.
La abuela se detuvo…
Miró el sendero… y luego sonrió con ternura.
—Mañana… presta atención al camino —le dijo.
Al día siguiente… la vasija, en silencio, observó.
Y entonces lo descubrió…
De su lado del camino… crecían flores.
Flores de colores… vivas… hermosas.
Mientras que del lado de la vasija perfecta… solo había tierra seca.
Al llegar a casa… la abuela habló con dulzura:
—Siempre supe de tu grieta… por eso sembré semillas en tu lado del camino. Cada gota que creíste perder… en realidad… dio vida.
—No eres una carga… eres un milagro que no se había dado cuenta de lo que es capaz de hacer.
Y así… la vasija comprendió que no estaba rota…
Estaba cumpliendo un propósito distinto.
…
Moraleja:
En la vida… no todo lo que parece pérdida… lo es.
A veces, nuestras grietas… nuestras fallas… nuestros errores…
son justo lo que el mundo necesita para florecer.
No ambiciones la carga antes de que llegue…
ni la perfección que no necesitas.
Porque incluso con tus imperfecciones…
puedes estar cambiando la vida de alguien más.
Soy Eduardo Contigo… y si esta fábula tocó tu corazón, compártela… porque siempre hay alguien que necesita recordar que no está roto… solo está dejando flores en el camino.
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