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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

En la reflexión de hoy - El hijo

Un hombre rico y su hijo tenían gran pasión por el arte. Tenían de todo en su colección; desde Picasso hasta Rafael. Muy a menudo, se sentaban juntos a admirar las grandes obras de arte, desgraciadamente, el hijo fue a la guerra. Fue muy valiente y murió en la batalla mientras rescataba a otro soldado. El padre recibió la noticia y sufrió profundamente la muerte de su único hijo. 

Un mes más tarde, justo antes de Navidad, alguien tocó a la puerta. Un joven con un gran paquete en sus manos dijo al padre: "Señor, usted no me conoce, pero yo soy el soldado por quien su hijo dio la vida. El salvó muchas vidas ese día, y me estaba llevando a un lugar seguro cuando una bala le atravesó el pecho, muriendo así instantáneamente.
Él hablaba muy a menudo de usted y de su amor por el arte." el muchacho extendió los brazos para entregarle el paquete: "Yo sé que no es mucho. Yo no soy un gran artista, pero creo que a su hijo le hubiera gustado que usted recibiera esto." El padre abrió el paquete. Era un retrato de su hijo, pintado por el joven soldado.


El contempló con profunda admiración la manera en que el soldado había capturado la personalidad de su hijo en la pintura. El padre estaba tan atraído por la expresión de los ojos de su hijo que los suyos propios se llenaron de lágrimas. Le agradeció al joven soldado y ofreció pagarle por el cuadro. "Oh no , Señor, yo nunca podría pagarle lo que su hijo hizo por mí. Es un regalo." El padre colgó el retrato arriba de la repisa de su chimenea. Cada vez que los visitantes e invitados llegaban a su casa, les mostraba el retrato de su hijo antes de mostrar su famosa galería. 

El hombre murió unos meses más tarde y se anunció una subasta con todas las pinturas que poseía. Mucha gente importante e influyente acudió con grandes expectativas de hacerse con un famoso cuadro de la colección. Sobre la plataforma estaba el retrato del hijo. El subastador golpeo su mazo para dar inicio a la subasta. "Empezaremos los remates con este retrato del hijo, ¿quién ofrece por este retrato?" Hubo un gran silencio.
 Entonces una voz del fondo de la habitación gritó: "Queremos ver las pinturas famosas". "Olvídese de esa". Sin embargo el subastador persistió: "¿Alguien ofrece algo por esta pintura? ¿$100.00? ¿$200.00? Otra voz gritó con enojo: "No venimos por esa pintura, venimos por los Van Goghs, los Rembrandts. Vamos a las ofertas de verdad." Pero aún así el subastador continuaba su labor: "El Hijo, El Hijo, ¿quién se lleva El Hijo?" Finalmente una voz se oyó desde muy atrás de la habitación: "Yo doy diez dólares por la pintura". 

Era el viejo jardinero del padre y del hijo. Siendo un hombre muy pobre, era lo único que podía ofrecer. "Tenemos $10.00 ¿Quién da $20.00", gritó el subastador. La multitud se estaba enojando mucho. No querían la pintura del Hijo. Querían las que representaban una valiosa inversión para sus propias colecciones. El subastador golpeó por fin el mazo: "Va una, van dos, VENDIDA por $10.00" "¡Empecemos con la colección!, gritó uno.
 El subastador soltó su mazo y dijo: "Lo siento mucho, damas y caballeros, pero la subasta llegó a su final." "¿Pero, y la pinturas?", dijeron los interesados; "Lo siento", contesto el subastador; "Cuando me llamaron para conducir esta subasta, se me dijo de un secreto estipulado en el testamento del dueño. 

Yo no tenía permitido revelar esta estipulación hasta este preciso momento. Solamente la pintura del HIJO sería subastada. Aquel que la aceptará heredaría absolutamente todas las posesiones de este hombre, incluyendo las famosas pinturas.
El hombre que aceptó quedarse con EL HIJO se queda con TODO."

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