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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

Reflexión de hoy - La carta de un comerciante

Hijo mío:
El mundo está lleno de gente que pretende hacer un millón de pesos en sueños cada noche, en vez de hacer cinco pesos de plata  cada día.
Siempre me he encontrado que me conviene más regalar unos cuantos pesos a un hombre de esta clase que darle un empleo.


Si mis empleados quisieran pensar en cómo mejorar su trabajo al menos la mitad del tiempo que dedican a inventar razones para pedir préstamos a cuenta de su sueldo, no habría manera de impedir que llegaran a ser jefes, pero tampoco me opondría, porque al aumentar ellos sus ingresos crecerían los míos.
Pero yo siempre he sostenido que el individuo que el último día de la semana tiene que romper la hucha de sus niños para poder pagar el autobús, no va a ser un gran financiero el día que yo le permita manejar mi dinero. Llenará de agujeros mi banco.
Nunca llegarás a ser un gran administrador si aprendes a gastar antes de haber aprendido a ganar.
Para el gastador el día de cobro siempre aparece demasiado lejos, y nunca obtiene de cada peso  más de 60 centavos de provecho; pero un peso  tiene 106 centavos para el hombre listo que nunca llega a gastar el peso , sino únicamente los seis centavos.

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