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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

La reflexión de hoy: Varón

Yo se que te estas peinado, 
para salir enseguida, 
que dejaste la comida, 
por encontrarla quemando, 
que te vestís ensayando, 
ese paso que aprendiste, 
y todo lo que pediste, 
tu madre lo va alcanzando... 

Como sabe la viejita, 
lo que tu apuro reclama, 
te dejó sobre la cama, 
tu camisa favorita, 
bien planchada, prolijita, 
al lado de la corbata, 
mientra rasca en la solapa, 
el lunar de una manchita... 

Es claro que no lo ves, 
para vos no es importante, 
para vos lo interesante, 
es de llegar al café, 
donde trinfan los express, 
generales, codillos, 
y el humo del cigarrillo, 
le pone toldo a un mashé... 

allí esta la muchachada, 
del partidito al billar, 
despues te irás a bailar, 
para caer de pasada, 
al volver de madrugada, 
otra vez por el café, 
y entrar a casa recién, 
con la gente levantada... 

Lo que te pasa no es raro, 
estas en la edad incierta, 
del chico que se despierta, 
teniendo pantalón largo, 
en ese peldaño amargo, 
de la escala de la vida, 
que por mirar hacia arriba, 
se olvida lo que pisamos... 

Es claro que sos muy dueño, 
para eso trabajás, 
y hasta de yapa entregás, 
la cuarta parte del sueldo, 
por eso que a vos en cuello, 
tenés derecho a gritar, 
!la toalla donde está!, 
!a ver si me traen pañuelos!.. 

Sos el hombre de la casa, 
la esperanza del mañana, 
que al discutir con tu hermana, 
la hiere tu desconfianza, 
que la pone en la balanza, 
de tu experiencia mezquina, 
diplomada en una esquina, 
molestando a las que pasan... 

Que si tu padre protesta, 
por la vida que llevás, 
enojandote te vas, 
tirando la servilleta, 
sin ver que tu madre inquieta, 
llorando corre a buscarte, 
y que te moja al besarte, 
cuando te alcanza en la puerta... 

Pero, decime... 
tenés o no tenés corazón ? 
o vale mas la reunión, 
de la mesa del café, 
que ese llanto que le ves, 
en los ojos a tu madre, 
o que esperas, que sea tarde, 
para llorarla despues... 

Pero, quedate un día, 
una noche tan siquiera, 
dejala que ella te vea, 
y que tiemble de alegría, 
que tocándote te diga, 
esta muy dura la almohada ?, 
y que su mano arrugada, 
te acaricie todavía... 

Dale una vez la razón, 
a quien tanto te defiende, 
a quién tanto te comprende, 
con todo su corazón, 
que se duerma de un tirón, 
y sin esperar tu llegada, 
yo, yo te pido esta gauchada, 
porque he sido igual que vos...

Letra original: Héctor Gagliardi

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