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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

Reflexión de hoy: Un día

Y un día se sintió loco de felicidad por la mañana, conmovido por la tierna sonrisa de todos los niños del mundo, comenzó a re descubrir su vida como cuando uno se enamora perdidamente por primera y única vez. El dulce canto de las olas, el sabor de la alegría, el olor de las flores y la aventura diaria de saberse más importante que nunca, más valiente, más héroe. 

Se hizo conciente de todas esas cosas que todos los días realizaba sin haberse detenido un instante a reflexionarlo tal vez porque ya lo había olvidado o porque aprendió a vivir con ellas desinteresadamente, aprendió a comer manzanas sin lavarlas a la perfección y a construir grandes emociones de lo impensable, como una ida al super o darle de comer a los patos, a compartir sus pequeños tesoros y sus grandes sueños con el mejor amigo que construía en cualquier lugar cada cinco minutos, revivió en su corazón el verdadero amor incondicional y desinteresado, ese que con nada puede compararse.

 La energía sorprendente de tener unas ganas locas de entender, descubrir y luchar incansablemente por las cosas que quiere sin importar el día o que sean las seis de la mañana y comió palomitas a puños, se trepó a los árboles, jugó con el patín y la bicicleta, montó a caballo, expulso al silencio, se ilusionó con los circos y todos los estrenos para los niños en el cine se volvió un poco más salvaje, lidio con la cebolla, jugó con las hormigas y aprendio a contar historias que calmaran la calentura en una noche interminable. 

Ese día llenó sus pulmones de airesito fresco y volvió a nacer porque recuperó la fe y la esperanza que creía empolvadas se atrevió a ser feliz sin condiciones, a cambiar pañales, a forrar cuadernos, a hacerce chiquito en la cama, a llorar con los comerciales de la tele, a ceder su tiempo, sus espacios y compartir sus ilusiones, a ajustar los horarios de sus comidas, a esperar, a quitar el miedo con un dulce abrazo, a explicar todo muchas veces, a curar raspaditas con un beso e incluir el teléfono del pediatra en la agenda de los amigos más importantes. Sí ese día volvió a nacer y fue el más increíble de todos, ese día y todos los días agradeció al cielo poder ser Papá...

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