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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

Reflexión de hoy: El Hijo deshobediente

Se cuenta que un hijo rebelde y negativo que siempre llevaba la contraria a las diferentes sugerencias del padre.

Si éste le decía: “Ve a la derecha”, se podría predecir sin equivocarse que éste iría a la izquierda.

El padre se dio cuenta y no hubo más problemas, cuando quería que fuera a la derecha, le decía así:

-Por favor ve por la izquierda. Inmediatamente el hijo tomaba la derecha.

El muchacho comprendió que su padre ya no hacía corajes cuando desobedecía y además lucía contento, con una sonrisa entre los labios.

Extrañado ante la actitud del padre pensó: “¿Qué está pasando? Antes se quejaba cuando le desobedecía. Qué raro. Yo sigo igual de terco y ya no se enoja; algo está sucediendo”.

Pronto descubrió la estrategia. Y un día en que ambos cruzaban un río, con un burro que cargaba un costal de azúcar, el bulto se le deslizaba poco a poco hacia la derecha, corriendo peligro de caer y perderse en el agua.

El padre volvió a dar la orden equivocada con el propósito de salvar la carga.

-Hijo, mueve la bolsa a la derecha.

El hijo pensó: “Yo ante todo debo obedecer”, movió la bolsa a la derecha y ésta cayó al río.

El padre desconcertado protestó:

-¡Oye! ¿Qué pasó? Ya no eres desobediente, no te entiendo.

-Mira, padre, se acabaron los juegos. De ahora en adelante voy a decidir si obedezco o no y no tendré ningún prejuicio contra ti. Actuaré de acuerdo con la situación y no con lo que me digas. Últimamente me has estado engañando, me ordenas en forma tal que si te desobedezco, te estoy obedeciendo ¿Qué te parece?

El padre sintió que al fin su hijo había madurado.
Autor desconocido

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