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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

Reflexión de hoy: Ayuda desinteresada

Estaba una vez un joven lavando su automóvil, una de sus hermanas pequeñas llegó entonces y le pidió que le dejara ayudarle.

Así se lo permitió y cuando hubo terminado le dio dinero como un pago por su desinteresada ayuda.

De esto se enteró otra hermana del joven, quien la semana siguiente esperó a que el joven empezara a lavar su automóvil para ayudarle desde el principio y así ganar más dinero. 

Desde el principio empezó a ayudarle pero al mismo tiempo insinuaba sobre el pago que recibiría. Al final, el hermano mayor no le pagó nada y la jovencita se enojó recriminando al hermano el por qué a la otra hermana le había pagado y a ella no, a lo que el hermano contestó: - "Tu hermana me ayudó por el simple hecho de hacerlo, tú en cambio lo hiciste por recibir un pago el cual nunca te prometí, por eso tu ayuda no merece recompensa pues nunca quisiste ayudar si no solamente ganar dinero. 

Nos pasa muy a menudo que cuando le pedimos a Dios o le prometemos cambios, lo hacemos pensando solamente en la recompensa que podamos recibir de EL.

Es por este motivo que tal vez muchas veces no recibimos lo que Dios quisiera darnos, pues nuestros pensamientos son de interés y sin amor, y ayudamos a otros esperando solamente la recompensa y sin pensar el hacer el bien al prójimo.

Al transcurrir este año, aprendamos a hacer el bien a los demás sin intereses personales... la recompensa de Dios no se hará esperar.


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