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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

Reflexión de hoy: Tres palabras

Ayer, en un lugar especial de mi hogar, hice un espacio de reflexión a unos minutos de terminar el año, en el silencio, y en recogimiento, para decirte ¡GRACIAS!; para solicitarte AYUDA; para implorarte PERDÓN Señor. 

¡GRACIAS, SEÑOR! por la paz, por la alegría, por la unión que los hombres –mis hermanos- me han brindado, por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron, por esa mano oportuna que me levantó, por esos labios cuyas palabras y sonrisa me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón que amistad, cariño y amor me dio. Gracias Señor por el éxito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por la comodidad y la diversión ¡Gracias, Señor!

Me cuesta decírtelo: por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, por el insulto, por el engaño, por la injusticia, por la soledad, por el fallecimiento de mis seres queridos. Tú lo sabes Señor, cuán difícil fue aceptarlo; quizá estuve al punto de la desesperación, pero ahora me doy cuenta de que todo esto me acercó más a ti, tu sabes lo que hiciste.

¡Gracias Señor!, sobre todo por la fe que me has dado en ti y en los hombres, por esa fe que se tambaleó pero que tu nunca dejaste de fortalecer cuando tantas veces, encorvado bajo el peso del desánimo, me hizo caminar en el sendero de la verdad a pesar de la oscuridad. 

AYUDA te he venido también a implorar para el año que muy pronto va a comenzar; lo que el futuro me deparará lo desconozco Señor, vivir en la incertidumbre, en la duda, no me gusta, me molesta, me hace sufrir pero sé que tu siempre me ayudarás. Yo te puedo dar la espalda –soy libre-, tú, nunca me la darás –eres fiel-, yo sé que me tenderás la mano. Tu sabes de que yo, no siempre la tomaré, por eso hoy te pido que me ayudes a ayudarte ¡que llenes mi vida de esperanza y generosidad!, no abandones la obre de tus manos Señor.

¡PERDON! No podría retirarme sin pronunciar esa palabra que tantas veces te debí haber dicho, pero que por negligencia y orgullo he callado.
¡Perdón, Señor!, por mis errores, descuidos y olvidos; por mi orgullo y vanidad, por mi necedad y capricho, por mi silencio y mi excesiva locuacidad.
Perdón Señor, por prejuzgar a mis hermanos, por mi falta de alegría y entusiasmo; por mi falta de fe y confianza en ti, por mi cobardía y temor al compromiso. 

Perdón, porque me han perdonado y no he sabido perdonar; perdón por mi hipocresía y falsedad; por esa apariencia que con tanto esmero cuido pero que en el fondo, no es más que un engaño a mí mismo. 
Perdón por esos labios que no sonrieron, por esa palabra que callé, por esa mano que no tendí, por esa mirada que desvié, por esos oídos que no presté, por esa verdad que omití, por ese corazón que no amó… por ese “yo” que se prefirió. 

Señor, no te he dicho todo, llena con tu amor mi silencio y cobardía. 

¡Gracias por todos los que no te dan gracias! 
¡Ayuda a todos los que imploran tu ayuda! 
¡Perdón, por todos los que no imploran perdón! 

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