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La reflexión de hoy: El segundo traje

  Cierta vez un hombre visitó a su consejero y le relató su problema. - “Soy un sastre. Con los años gané una excelente reputación por mi experiencia y alta calidad de mi trabajo. Todos los nobles de los alrededores me encargan sus trajes y los vestidos de sus esposas. Hace unos meses, recibí el encargo más importante de mi vida. El príncipe en persona escuchó de mí y me solicitó que le cosiera un ropaje con la seda más fina que es posible conseguir en el país. Puse los mejores materiales e hice mi mejor esfuerzo. Quería demostrar mi arte, y que este trabajo me abriera las puertas a una vida de éxito y opulencia. Pero cuando le presenté la prenda terminada, comenzó a gritar e insultarme: - ¿Esto es lo mejor que puedes hacer? ¡Es una atrocidad! ¿Quién te enseñó a coser? Me ordenó que me retirara y arrojó el traje tras de mí. ¡Estoy arruinado!. Todo mi capital estaba invertido en esa vestimenta, y peor aún, mi reputación ha sido totalmente destruida. ¡Nadie volverá a encargarme una prend

Reflexión de hoy: La media cobija

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia.

Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna. 

A los setenta años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su hijo. 

Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con su familia. 

- ¡Hola papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí! 

- Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo. 

- Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa. 

- Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. 

- Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡Me siento tan solo! 

- ¿Quedarte a vivir aquí?, sí... claro... pero no sé si estarías a gusto, tu sabes, la casa es chica mi esposa es muy especial... y luego los niños. 

- Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano. 

- No padre no es eso, solo que, no se me ocurre dónde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían, o solo que no te moleste dormir en el patio. 

- Dormir en el patio está bien. 

- El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luís de doce años. 

- Dime papá. 

- Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche. 

- Sí con gusto. ¿Y donde va a dormir? 


- En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa. 

Luís subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre. 

- ¿Qué haces Luís? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo? 

- Sabes papá, estaba pensando... 

- ¿Pensando en que? 

- En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas viejo y vayas a vivir a mi casa.

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